#TrueStory: La depresión caracteriza a nuestra generación
La ansiedad forma parte de nuestro estilo de vida.
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Dicen por ahí que cuando aceptamos el problema, es porque ya estamos listos para encararlo. La bronca viene antes, porque aunque la depresión tiene síntomas que nunca fallan, a veces no nos damos cuenta o no queremos aceptar que vivimos con ella.

Es un tema medio tricky, porque obvio ni la ansiedad ni la depresión son exclusivas de gente de nuestra edad, a todo el mundo le puede suceder, sin embargo, nos hemos convertido en una generación estresada que aparenta no estarlo. Nos encanta andar detrás de un dispositivo electrónico, nos mama usar mil apps y redes sociales y todo el rollo digital, pero al final, nos volvemos esclavos de nuestra propia adicción.

Esto puede ser irónico, porque cada que subimos una foto a Instagram recibimos cientos de likes, cada que tuiteamos nos encanta recibir retweets y replies, cada que abrimos TikTok nuestros videos tienen miles de views, pero, ¿cuántas interacciones son realmente profundas? ¿Qué tanto de lo que escribimos o leemos tiene valía? Sí, nos encantan las interacciones, pero cuando nos ponemos a pensar en lo vacías que son, entendemos que todo puede ser una mentira y que en realidad, estamos solos.

Pero ahí seguimos, auto-engañándonos y buscando la fama digital sin pensar si seria más sano, animica y mentalmente, salir con amigos, interactuar de forma presencial con gente que de verdad nos interese, con quienes podamos compartir afinidades. Este es uno de los grandes pedos en los que andamos metidos, uno de los causantes principales de vivir depre.

Hay también otros factores que debemos considerar para entendernos un poco mejor. Desde morros que entramos a la escuela gracias al amor de nuestros padres (los amamos, de verdad), son ellos los que comienzan a empujarnos a ser los mejores, y eso no está mal, la bronca es que nos ponen en una eterna competencia con nuestros compañeros y amigos, quieren sentirse mejores que los otros papás, y sin darse cuenta, nos meten un chingo de presión que a su vez, nos hace vivir llenos de miedo a defraudarlos y con una infinita ansiedad por hacer las cosas “bien”, entrecomillado porque es bien según ellos.

Eso podemos arrastrarlo por años, por eso sigue siendo común ver a chavos de nuestra edad estresándose en la chamba por cualquier cosa, durmiendo poco para cumplir las expectativas, e inventándonos cientos de relaciones sin sentido en las redes sociales, relaciones que nos quitan mucho tiempo valioso que podríamos usar para reencontrarnos con esa felicidad que hemos abandonado.