Ser atleta y gay es un estilo de vida, no un problema
Muchos temen salir del closet gracias a los prejuicios de la sociedad.
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Muchas veces reprimimos nuestros sentimientos no porque no queramos sacarlos, sino por miedo a ser juzgadxs por la sociedad. Y aunque esto nos debería de valer madre y dejarnos ir, la realidad es que la mentalidad cerrada de mucha gente aún no ayuda a sentirnos libres de prejuicios. Esto abarca a cualquier comunidad, incluyendo la deportiva, en la que hay muchxs atletas LGBT que a veces tienen miedo a gritar son gay o lesbianas o transgénero porque la gente va luego luego a joder con sus críticas. De hecho, esto puede provocar que se tomen decisiones fuertes como cambiar de país, tal y como nuestras queridas futbolistas Bianca Sierra y Stephany Mayor.

Y es que en el deporte también existe la discriminación y los prejuicios de esta índole, lo que provoca que muchxs atletas tarden en hacer pública su preferencia sexual,  o luego incluso ni siquiera se atrevan a hacerlo principalmente por miedo a perder su carrera y claro, a ser víctimas de bullying y algún daño físico o psicológico. En deportes de conjunto como el rugby o el fútbol, que son considerados como “deportes de hombres”, a veces son los mismos compañeros los que muestran homofobia y joden la integridad de los gays.

Lo bueno es que aunque sea con pasos de tortuga, la inclusión es un tema que ha ido avanzando poquito a poco, y mucho es gracias a esxs atletas que no se han rendido  y han decidido vivir sus vidas libremente, seguir compitiendo en sus deportes, torneos y hasta Juegos Olímpicos y ayudando a combatir esos límites imaginarios que la sociedad ha impuesto.

Por ejemplo, tenemos a Tom Daley, clavadista profesional que ganó una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 2012 cuando apenas tenía 18, él ha aceptado que es gay y continúa practicando su deporte, simplemente como debe ser. O Amelie Mauresmo, tenista profesional que en 1999 se declaró lesbiana a sus 19 años, eso no le impidió continuar su carrera en la que incluso fue la número 1 del mundo; desde 2009 cuando se retiró, se convirtió en entrenadora de varios tenistas e incluso del equipo francés de tenis.

La cara culera de la moneda, y la que tenemos que cambiar, la muestran atletas como Michael Sam, quien fuera el primer jugador abiertamente gay en ser reclutado por un equipo de la NFL, de hecho hasta Obama en su momento hizo un comunicado emotivo al respecto. Lamentablemente Sam sufrió mucho bullying lo cual le provocó depresión y lo hizo retirarse apenas un año después.

Como este caso seguramente hay un chingo, y aunque suene como algo lejano, todxs nosotrxs podemos ayudar pasando la voz, denunciando discriminaciones y creando consciencia, para que el mundo deportivo entienda pronto que el talento no se mide por género ni por identidad sexual.