De la imaginación al quirófano, todo sea por alargar el paquete
El tamaño del pene continúa siendo motivo de inseguridad en los hombres.
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Cuando alguien comienza a cuestionarse algo, es muy probable que lo haga basado en la presión social o en lo que “la historia” dice, y a veces se olvida que existen factores que están fuera de su alcance. En México y en todo el planeta, el tamaño del pene, la verga, el pajarito, el paquete, o como quieran decirle, sigue causando un chingo de inseguridad en el hombre, quien por alguna extraña razón en su mente piensa que está compitiendo con los demás, cuando no debería ser así.

Pero bueno, los güeyes no captan que nacen con un tamaño determinado por la genética, no por su propia decisión, ¿por qué es tan difícil que acepten lo que es? El caso es que, desde morritos con sus primeros descubrimientos sexuales, les entra la curiosidad sobre el tamaño y gracias a la (des)información que obtienen, creen que dependiendo de lo largo o grueso que lo tengan, serán o más hombres o provocarán más placer o simplemente se sentirán con mayor autoridad. De hecho, es muy común que en algunos tests o incluso entre pláticas, los hombres inventen la medida de su pene, agregándole algunos centímetros para poder sentirse mejor.

Y este pedo se convierte en algo meramente psicológico, en una competencia y en una obsesión que se vuelve tan pushy que, algunos pasan de mentir sobre su tamaño a de verdad hacerlo más grande. Claro, se necesita lana y atrevimiento para esto, pero sí existe la oportunidad de alargar el pene, y aunque hay quien lo hace por motivos de salud, la mayoría lo hace por vanidad e insatisfacción con su tamaño original.

Estas broncas mentales por supuesto que afectan la vida del hombre, pues tienen baja autoestima, no tienen confianza en sí mismos, se sienten juzgados por sus parejas e incluso, en lugares públicos como gimnasios o playas nudistas, no se atreven a bañarse o andar desnudos por esa misma inseguridad. Lo cagado es que las cirugías de alargamiento dan como resultado un aumento en promedio de 2cm, que bueno, algo es algo, pero tampoco es que sea un cambio enooorme, sin embargo eso suele ser suficiente para que se sientan mucho mejor.

La operación se llama peneplastia y no tiene mayor ciencia, se realiza una anestesia local en el pubis, se extrae algo de grasa del estómago del paciente y se le inyecta en el pene y ya está. Obvio existen algunos riesgos secundarios, tal vez alguna cicatriz, un dolor temporal, una abstención sexual por varias semanas, pero para quien anhela esto, vale la pena aguantar estos detalles, además de desembolsar al menos 50 mil varos.

Acá en México también existe este tipo de cirugía, se sabe que la mayoría de los pacientes no la necesitan, pero ven mucho porno y se sienten acomplejados por su tamaño. Ni hablar, al final es una alternativa que, como cualquier tema del cuerpo, debe ser tratado con responsabilidad y a través de clínicas y médicos certificados y especializados. Aguas con eso, si lo van a hacer, fíjense muy bien dónde y cómo, no la vayan a cagar para siempre.

Photo by Charles